“Moda que Conecta: Lecciones de 26 años Tejiendo Tendencias y Emociones”

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Después de más de 26 años respirando el mundo del marketing de moda, puedo decir que este no es solo un oficio, sino una pasión que se alimenta de intuición, observación y, sobre todo, de entender a las personas. La moda no es solo ropa; es una historia, una identidad, un lenguaje silencioso que habla por quien la lleva. Hoy quiero compartir una visión personal, cercana, pero cargada de experiencia, sobre cómo he visto evolucionar esta industria y qué he aprendido a lo largo de mi experiencia profesional.

El poder de conocer a tu tribu

Cuando empecé en la década del 90, el marketing de moda era un juego más simple: anuncios en revistas “fashion”, pop y visual en los puntos de venta, desfiles exclusivos y una comunicación unidireccional. Pero el mundo cambió, y con él, la forma en que las marcas se conectan con la gente. Una de mis mayores lecciones ha sido que no vendes productos, vendes pertenencia y conexión. Conocer a tu mercado objetivo, o como me gusta llamarlo, “tu tribu”, es la base de la estrategia.

Recuerdo una campaña que lancé para la submarca de una importante marca de calzado deportivo hace unos 10 años, y aunque pensaba que el enfoque sería la trayectoria y reconocimiento de la marca, descubrimos que lo que realmente querían los consumidores era sentirse auténticos, libres y conectados. Así que decidimos desarrollar una estrategia basada en la experiencia y conexión emocional a través de la música y el producto como conector social, y las ventas se dispararon. Ahí confirmé que la moda no es solo estética, es emoción. Hoy, con las redes sociales y la inmediatez digital, esa conexión emocional es aún más crucial. Las marcas que triunfan no son las que gritan más fuerte, sino las que escuchan mejor. Analizar los comentarios en Instagram o en Tiktok puede darte tanto o más insights que cualquier focus group de los viejos tiempos.

Las tendencias no los son todo… Si algo he aprendido en estas dos décadas es que las tendencias son como olas: hay que saber cuándo subirse a ellas y cuándo dejarlas pasar. En los 2000, vi cómo el minimalismo de los 90 dio paso a los excesos del nuevo milenio, y luego cómo todo volvió a simplificarse con el auge del athleisure. Como marketer, el trabajo no es solo seguir el ritmo, sino anticiparse un paso.

Una vez, trabajando con una marca de accesorios, apostamos por lanzar una nueva colección de productos utilitarios para llevar al trabajo. Nos arriesgamos basándonos en lo que veíamos en las calles, no en las pasarelas, y resultó un éxito. La clave está en equilibrar datos con instinto: las métricas te dan el “qué”, pero la experiencia te da el feeling de lo que pasa y te dice el “por qué”. Hoy, con herramientas como el análisis de redes sociales, puedes ver en tiempo real qué está resonando, pero nunca subestimes el poder de salir a caminar y observar cómo viste la gente de verdad.

La moda es personal y el marketing de moda también

Con los años, he visto cómo la personalización se ha convertido en el santo grial. Ya no basta con lanzar una colección y esperar que todos la amen. La tecnología nos ha dado el poder de hablarle a cada persona como si fuera la única. Recuerdo la presentación de una gran marca del calzado donde nos explicó en detalle su arquitectura de marca, basada en la segmentación del producto de acuerdo al uso y/o estilo y perfil del consumidor, así por ejemplo: los runners recibían un enfoque de marca funcional y los sneakerheads uno más cultural. El resultado fue una conexión total con ambos segmentos.

Pero no todo es algoritmos, métricas y big data. Hay algo artesanal en el marketing de moda que se mantiene: contar historias y conectar personas. Una buena estrategia no solo acerca al consumidor con el producto, sino que le hace soñar con quién podrías ser al usarlo y como ello le permite conectar con quienes son importantes para él. Esa magia es la que me sigue enamorando de este trabajo.

El futuro: sostenibilidad y autenticidad

Si miro hacia adelante, veo dos palabras dominando el juego: sostenibilidad y autenticidad. Después de años de fast fashion y consumo desenfrenado, la gente pide otras cosas. No solo quieren verse bien, quieren sentirse bien con lo que compran. He trabajado con marcas que han incorporado el concepto eco-friendly como parte de sus valores, y el reto no es solo producir de forma responsable, sino comunicarlo sin que suene a algo impostado.

Un consejo desde el corazón

Si me permito cerrar con algo personal, te diría esto: ama lo que haces y nunca dejes de aprender. En 26 años he cometido errores, campañas que no despegaron, tendencias que malinterpreté, pero cada tropiezo me enseñó algo. La moda es un reflejo de la vida: cambiante e impredecible pero hermosa. Como marketer, nuestro trabajo es capturar ese espíritu y llevarlo a nuestros mercados.

Así que aquí estoy, con más arrugas y más historias, pero con la misma emoción del primer día. Porque la moda no se trata solo de ropa, se trata de personas. Y mientras haya historias que contar, seguiré tejiendo este oficio con el mismo cariño de siempre. ¿Cuál es tu historia con la moda? Me encantaría escucharla.

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